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FRIGIDEZ
La frigidez es una ausencia de satisfacción o de apetito sexual en la mujer. También se conoce con el nombre de vaginismo (aunque este término alude más a la dificultad para la distensión y lubricación de la vagina). El término de dispareunia hace alusión a una sensación dolorosa durante el coito.
El deseo en la paciente que padece frigidez, puede ser mantener su deseo insatisfecho. No es que no desee, desea eso: mantener el deseo insatisfecho. Es típica la seducción hasta llevar a la pareja al borde de la cama, y cuando está allí se pregunta: ¿pero qué hacemos aquí desnudos? Para ella todo el juego se termina en la seducción, en generar el deseo en el otro. Son las frigideces que más rápido se curan con el análisis.
La frigidez se soporta por las mujeres mejor que la impotencia por los hombres. Ella está cómoda en la posición de ser causa del deseo de él: no le importa tanto Gozar ella, o podemos decir que el Goce de ella es que él Goce. Para él no es así, su Goce no es que ella Goce. Por eso es más difícil para él tolerar la impotencia.
Socialmente tampoco está bien visto que la mujer desee. Si él desea, es un machote, si ella desea, es una casquibana. La represión sexual a la que ha sido sometida la mujer durante siglos.
Hay una frigidez mental: no le entran…. las ideas en la cabeza. La palabra estrecha se utiliza para denominar a las mujeres con poca accesibilidad sexual (hace también alusión a la estrechez vaginal), podíamos decir frígidas y también se dice estrecha de mente, mente cerrada, o que no está abierta a nuevas ideas. Son todas metáforas sexuales.
Respecto a la frase No hay mujer frígida, sino hombre inexperto, habrá casos, pero lo que es interesante, es que en la frigidez, a veces se ve que no pueden disfrutar con su pareja, porque creen que en algún lugar hay una pareja perfecta, que tiene verdaderas relaciones sexuales, que están hechos el uno para el otro: la teoría de la media naranja. Nunca son felices con la pareja actual, pero creen que lo serían con otra. Cuando en realidad, no se trata de la pareja, sino de su propia estructura psíquica, que las hace permanecer en la insatisfacción del deseo.
Las relaciones sexuales se complican hasta lo indecible, cuando dos quieren ser uno, cuando se busca la felicidad única, el orgasmo al unísono, cuando se hace lo que a uno le gusta que le hagan, en vez de averiguar lo que le gusta al otro, cuando no se acepta que son dos y radicalmente diferentes. No es un goce compartido, es el encuentro de dos maneras de gozar, totalmente diferentes.
Las mujeres tienen un elevado montante de narcisismo, el cual influye sobre su elección de pareja, de manera que, para la mujer, es mucho más imperiosa la necesidad ser amada que la de amar. Es frígida porque le cuesta ponerse en posición de deseante. Él es el que desea, y ella el objeto de su amor.
Podríamos decir que él se entrega por ser deseado, entrega hasta sus principios más fundamentales con tal de ser deseado: es como si le dijera a ella: miénteme, dime que me deseas. Ella se entrega por ser amada, entrega hasta su vida con tal de ser amada: ella le pide: miénteme, dime que me amas. Así, podríamos preguntarnos ¿cuántas veces tendrá que decirle un hombre a una mujer que la quiere para que ella consiga la libertad de desear? o viceversa ¿cuántas veces tendría que decirle una mujer a un hombre que lo desea para que él consiga la libertad de amar? Pero parece que ninguno quiere liberar al otro de su esclavitud. Un hombre no puede ser potente si no se siente deseado por una mujer y una mujer, será frígida si no se siente amada por él.
El psicoanálisis nos dice que en el encuentro sexual, no gozamos del cuerpo del otro, aunque pueda parecer así, gozamos de nuestro propio cuerpo por intermedio del cuerpo del otro, de nuestra pareja. Por eso decimos que es el hombre el que le da a la mujer la vagina, el que le permite a ella gozar de su cuerpo, y es la mujer la que le da al hombre el pene, la que le permite a él gozar de su cuerpo.
Por eso, en toda impotencia o en toda frigidez, además, está en juego para quién es el síntoma, a quién se le ofrece como ofrenda, en este caso el perjudicado es la pareja sexual, está por tanto en juego la intención inconsciente de molestar al partenaire sexual.
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