CONFERENCIA SEMANAL
IDENTIFICACIÓN EN PSICOANÁLISIS
Capítulo VI (3)
La sublimación en el discurso de Freud es inseparable de una contradicción, es decir, que el punto de mira del goce subsiste y es realizado en toda actividad de sublimación.
No hay represión, no hay borramiento, no hay compromiso con el goce, hay paradojas, hay desvío, es por vías contrarias al goce que el goce es obtenido.
El neurótico quiere saber, quiere retransformar el significante en aquello de lo que él es signo. El neurótico no sabe qué es en tanto es sujeto que ha fomentado el advenimiento del significante, en tanto el significante es el borrador principal de la cosa, que es él, el sujeto, que al borrar todos los trazos de la cosa constituye el significante. El neurótico quiere borrar ese borramiento, quiere hacer que esto no haya ocurrido.
La excepción no confirma la regla, la exige, ella constituye su verdadero principio.
El 1 que es el sujeto, pero todavía no subjetivado, no es aún cuestión de saber o no saber. Un ciclo tiene que advenir, donde la PRIVACIÓN es el primer paso. Privación real. No es sino después de un largo rodeo que puede advenir para el sujeto ese saber de su rechazo original. Cuando él advenga, el sujeto tiene que saber no sólo que ese saber lo rechaza, sino que ese saber es él mismo a rechazar, en tanto él se revelará estar más allá o más acá de lo que hay que alcanzar para la realización del deseo.
Si alguna vez el sujeto llega a la identificación, a la afirmación de que es lo mismo pensar y ser, en ese momento se encontrará a sí mismo irremediablemente dividido entre su deseo y su ideal. Esta es la estructura del toro como tal. Para esto basta que algo haya aparecido en lo real: el rasgo unario.
Ante ese 1 que es lo que otorga toda su realidad a lo ideal (lo ideal es todo lo que hay de real en lo simbólico).
En Platón el 1 era el bien, lo bello y lo verdadero, el ser supremo.
El 1 no es otra cosa que la realidad de un palote. El cazador no sabía contar y hacía palotes.
De lo que se trata en la privación es de la vuelta no contada, la función del sujeto en situación de deseo.
La frustración introduce con el Otro la posibilidad para el sujeto de un nuevo paso esencial. El 1 de la vuelta única, el 1 que distingue cada repetición en su diferencia absoluta, no viene al sujeto, proviene de una experiencia constituida por el sujeto, por la existencia, antes de que nazca del universo del discurso, por la necesidad que esta experiencia supone del lugar del Otro.
Es ahí que el sujeto va a conquistar lo esencial, esta segunda dimensión.
Es en el Otro que viene a encarnarse esta irreductibilidad de las dos dimensiones en la medida en que no puede serlo, en tanto el sujeto en tanto habla es el sujeto. Es en lo simbólico que el sujeto debe encontrar la limitación de sus desplazamientos.
El objeto de su deseo, el sujeto puede emprender decirlo. No hace más que eso. Un acto de enunciación es un acto de imaginación. La función de la imaginación se revela presente desde que aparece la frustración. Lo que constituye el resorte de la relación del sujeto al deseo, el fi (j ), en tanto símbolo del falo.
Habíamos dicho que la primera identificación incorpora. Hay padre desde siempre para todos aquellos que descienden de él, identidad de cuerpo.
La segunda identificación posible de ser abordada por el significante puro. Identificación del sujeto. El rasgo unario hace aparecer al sujeto como aquel que cuenta. Uno se preguntaba dónde está el faltante. El faltante que no faltaba sugería siempre que habia uno de más, luego uno de menos. El sujeto no es más que la posibilidad de un significante en más, de un 1 gracias al cual constata que hay uno que falta, 1,2,3,5.
El Otro está marcado por el significante, y es en el más acá de ese pasaje necesario por el significante que se constituyen como tales el deseo y su objeto, es decir la aparición de esa dimensión del Otro y la emergencia del sujeto.
El deseo sólo puede constituirse en la tensión creada por esta relación al Otro, esa relación que se origina en el advenimiento del rasgo unario en tanto que en primer lugar.
Recordemos que en principio era el rasgo unario, gracias al cual entramos en la relación al Otro, un Otro que nos va a permitir la identificación primordial con el Padre como significante que producirá el inicio de la formación del Ideal del Yo, en tanto el Ideal del Yo tiene su insight, su primer movimiento lógico en el estadio del espejo, incluso podemos decir que esta identificación significante le va a permitir la identificación al otro semejante que es para él su propia imagen, identificación en el sentido psicoanalítico de este término, es decir como transformación producida en el sujeto, proceso formador de la función del yo (Je), matriz simbólica en la que el yo (Je) se precipita en una forma primordial, (la forma del cuerpo) y esto acontece antes de que el lenguaje le precipite en su función de sujeto.
La forma total del cuerpo, gracias a la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración de su poder, le es dada como exterioridad, por eso Lacan nos dice que esa forma, Yo Ideal, es más constituyente que constituida, es más parte de la estructura del sujeto, de la estructura significante del sujeto, que imagen constituida.
Un proceso en definitiva cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación. Armadura, por fin asumida, de una identidad enajenante, alienante, que va a marcar con su estructura todo su desarrollo mental. Narcisismo del Yo ideal, del otro como función imaginaria, y al mismo tiempo y permitiendo el narcisismo simbólico, el narcisismo del Ideal del Yo, del Otro como función simbólica.
Después la segunda identificación, con el otro semejante como objeto que nos permitirá oscilar entre la elección de objeto y la identificación al objeto, entre tener al otro como objeto de amor y ser el otro, identificación significante al Otro, en tanto acontece por el rasgo unario y hace a la producción del sujeto, podemos decir que es la identificación al rival. Enlace afectivo al rival en la elección de objeto de amor.
Una tercera identificación en tanto deseamos el deseo del otro, que por ser en el lugar del Otro donde esto acontece decimos que nos identificamos al deseo del Otro, del Otro que tiene en forma de "a", por eso que podemos decir identificación al objeto "a". Objeto "a" que nos encontramos cuando nos encontramos con el Otro del otro (la madre), y en tanto la castración materna ha acontecido, castración del falo imaginario. Con lo cual el Otro está tachado, se ha desprendido -fi( -j ) con lo cual se ha producido el objeto "a" y se ha construido el falo, el falo en tanto significante en tanto función fálica.