CONFERENCIA SEMANAL
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
Capítulo III
EL TRABAJO DEL SUEÑO
El trabajo del sueño produce sistemas significantes y significaciones que podemos llamar, por ahora, formaciones del sueño.
La especulación sobre ese movimiento del trabajo del sueño, sus condiciones, fuentes, material y operaciones que lo producen, permiten a Freud acercarse en este capítulo, a una primera fundamentación del concepto inconsciente.
El sueño es un proceso que, partiendo de representaciones, contenidos, pulsiones, trabaja transformaciones de ideas, pensamientos que, en sus efectos, trasladan al discurso verbal que reconstruye el sueño, el discurso manifiesto de lo soñado.
Este discurso manifiesto, que es la primera versión del sueño en el habla que hace el soñante, es la primera interpretación del sueño.
En torno a ese trabajo del sueño, Freud elabora un método de interpretación que sólo es posible desde los efectos, reconstruyendo operaciones y determinando contenidos. Y en los contenidos, no sólo imágenes, sino fundamentalmente pulsiones.
El trabajo de interpretación corresponde a la práctica clínica y hace un recorrido inverso al que hace el trabajo real del sueño.
La transformación de las ideas inconscientes en el contenido latente es propia y característica de la vida onírica. Lo específico de la tarea del sueño, debemos verlo, a través de la descripción de Freud, como transformación, como operación determinada y determinante de peculiares formaciones. Una geografía extravagante para la consciencia, un tiempo fantástico donde es lo reprimido lo que ordena y gobierna.
El trabajo del sueño, es un proceso de variada complejidad, donde se producen efectos que son, a su vez, productores de nuevos efectos. Y no debe verse como un movimiento simple desde contenidos a efectos, sino como un movimiento constante. Este movimiento de las causas a los efectos, pero además, movimientos de reflujo en que se reinvierten los efectos a sus condicionamientos, característica dinámica que Freud llama regresión.
En esta transformación del sueño, diremos que los lazos lógicos se pierden, son destruidos por el trabajo y deben ser reestablecidos en la interpretación. Este trabajo del sueño pertenece a otro orden, otro tiempo, otra geografía.
Es una experiencia donde los límites habituales se borran, aparecen los límites de la fantasía, otros contornos, otra corporeidad.
OLVIDAMOS COMO SERES CONSCIENTES, LO QUE EL INCONSCIENTE NO OLVIDA
El sueño debe ser oculto y disfrazado para no revelar las prohibidas ideas latentes; la deformación del sueño, tenemos que decir, trabaja para ocultar. Freud dice lo siguiente: «El esquema que nuestras investigaciones generales, y no solamente las del problema de los sueños, nos permiten establecer, es harto complicado, pero no podemos servirnos de otro más sencillo. Suponemos que en nuestro aparato psíquico existen dos instancias generadoras de ideas. La segunda posee el privilegio de que sus productos encuentran abierto el acceso a la consciencia, mientras que la actividad de la primera instancia es inconsciente en sí misma y no puede llegar a la consciencia sino pasando por la segunda.
En la frontera entre ambas instancias, o sea, en el paso de la primera a la segunda, se encuentra una censura que no deja pasar sino aquello que le agrada, deteniendo todo lo demás. Lo rechazado por la censura, se halla entonces en estado de represión.
Bajo determinadas condiciones, una de las cuales es el sueño, se transforma la relación de fuerzas entre ambas instancias, de tal modo que lo reprimido no puede ser ya reprimido por completo.
Aquí, aún el inconsciente se define como una función de contenidos reprimidos, y hasta que no elabore la segunda tópica, todavía el inconsciente será el conjunto de lo reprimido. Recién allí, en la segunda tópica, en el Ello, se diferenciará el inconsciente de lo reprimido y lo no reprimido, lo más arcaico, lo que nunca pasó de una instancia a otra.
El sujeto entonces, modula su discurso onírico en la forma posible en que la condensación y el desplazamiento juegan con la censura de la resistencia, que tenemos que ver como evidencia del trabajo de la represión, aquella transacción donde realizará su deseo en la expresión alucinatoria del sueño.
Después de soñado, habrá que contarlo y ya esto supone un interlocutor donde verbalizará la experiencia vivida mientras dormía. Momento éste del reposo, donde ha sido posible lo imposible. Ahora deberá ser contado; en las palabras seleccionadas del recuerdo del sueño, una vez más, lo que su conciencia puede aceptar.