CONFERENCIA SEMANAL
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
Capítulo II
TRANSFERENCIA (II)
TRANSFERENCIA Y DESEO DEL ANALISTA
«Hay algo que por mucho tiempo aún no puedo saber, es que sueño».
Pero es en el campo del sueño donde triunfo sobre mi sombra originaria cuando es allí donde puedo pensar que hay más que esta sombra, que existe lo real del deseo del que la sombra me separa.
Es en la dialéctica freudiana donde aprendo que sólo avanzo gracias a mis obstáculos. Y que son mis sueños los cargados de realidad.
Cuando despierto, muchas veces, es porque el sueño ha satisfecho mi demanda.
El deseo es un deseo de sueño, tiene su misma estructura y es en su campo donde podremos ser más fuertes que la sombra.
Esta experiencia masiva del sueño nos permitirá reconocer la función del significante en el campo del Otro.
En las identificaciones sobre el Ideal del Yo, aquello de que se trata no es nunca una identificación narcisística. Lo parcial de la identificación, ilustra ese rasgo de la identificación como identificación del Ideal del Yo que no se hace sino por rasgos aislados, únicos, teniendo cada uno la estructura del significante.
Lacan hace referencia a un artículo de Abraham donde éste habla de amor parcial de objeto y no de objeto parcial, lo que acentúa es el objeto verdadero aún cuando otros se inscriban en su misma estructura, concibe esa disyunción que otorga al falo su valor de objeto privilegiado. Ese estadio fálico donde hay amor del otro tan completo como sea posible: es lo que quiere decir con «amor parcial de objeto».
La incumbencia de lo que hay de recíproco en el investimiento narcisístico y en el investimiento de objeto, se entiende en función de aquello que justifica su denominación y su aislamiento.
El falo, considerado esencial en la relación con los objetos perdidos si en el centro no estuviera el destino de esa posibilidad perdida como esas islas de los mapas marinos cuyo interior no está representado, sólo su contorno.
En la medida en que el discurso de Lacan apunta a los psicoanalistas es que él distingue la posición del analista como apuntando al corazón de la respuesta que el analista debe dar al poder de la transferencia como un lugar donde debemos ausentarnos de todo Ideal del analista y recordar que no son las capacitaciones del analista lo que está en juego en la posición sino el análisis del analista y en él, el lugar de la palabra saber.
Refiriéndose a la función del objeto en tanto se presenta como parte, separado, excluido. Es el amor menos el objeto parcial.
Esta parcialidad del objeto tiene la relación más estrecha con la metonimia, que se presenta en gramática a los más diversos equívocos. Es la parte tomada por el todo.
Como verdad esta parte se transforma y se convierte en el significante, como error la parte se refiere a la realidad para entenderla.
La relación entre el objeto del deseo, en tanto su estructuración como objeto parcial es fundamental a la experiencia analítica y el correlato libidinal como aquello que aparece irreductiblemente investido a nivel del cuerpo propio.
Según Abraham en la cita de Lacan, el falo real permanece sin que lo sepa el sujeto como aquello alrededor de lo cual es preservado el investimiento máximo. En esta relación el objeto parcial es elidido.
Dejado en blanco en la imagen del otro en tanto que investido, no solamente de una carga sino de «algo» que rodea este blanco central.
«Venus saliendo de las olas, cuerpo erigido por encima del amor amargo».
El falo no está donde lo vemos, donde lo suponemos, velado, desde este lado del espejo.
Lo que emerge y fascina está investido de oleajes libidinales que provienen del Otro, donde ha sido retirado el investimiento narcisístico en que viene a transformarse la estructura objetal.
Aquello que en el Deseo, distinto de la Demanda y la Necesidad, tiene su sitio en ese resto al que corresponde el espejo por el que la imagen es identificada a lo que le falta, invisible donde brilla la belleza y éste es el punto central de la función del Otro.
En «El Banquete» la naturaleza del amor se corresponde con la naturaleza de lo húmedo, lo que allí es la reserva del amor total en tanto es amor de viviente, esta sombra narcisística.
El psicoanalista ha delimitado, este punto oscuro donde juegan su dialéctica el Amor y el Deseo.
El objeto central, la isla y sus contornos que todo analista conoce, ese objeto del deseo se nos presenta como rescatado del amor.
Las formas primeras del objeto en tanto separadas, seno, heces, etc., son retomadas como habiendo jugado el juego en la dialéctica del amor a partir de las primitivas demandas.
Porque la madre habla, se apela a otro objeto que el seno para distinguir otro plano: el seno que no es lo que simplemente se devora, sino que es también lo que se rehúsa porque ya se quiere otra cosa.
En las relaciones oral, anal, el Ser se confunde con el Tener. Es a partir del falo que se abre entre ellos una dialéctica.
Si cautiva por lo que le falta, ¿dónde encontrar lo que le falta?, reflejo en que se encarna como objeto de deseo aquello que le falta.
Lo que se le demanda al objeto es hasta dónde es capaz de soportar la pregunta.
Y podrá en la medida en que la última falta ha sido revelada, hasta el punto de confundirse con la destrucción del objeto.
Porque este punto es revelado es que constituimos una última barrera a la belleza, en que la exigencia de conservar el objeto se refleja sobre el sujeto.
Para ser deseante hace falta un rasgo que no haga verdad; lugar del significante S barrado ($) el lugar del sujeto en tanto primera persona del fantasma.
Hay un desfasaje entre el objeto del deseo y el objeto real determinado por el carácter negativo de la aparición del falo; del objeto desde sus formas más arcaicas, orificiales, del pasado infantil al objeto de la mira ambivalente del deseo de un estadio supuestamente ambivalente.