CONFERENCIA SEMANAL
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
Capítulo VI
PROCESO DE LA CREACIÓN
LA MATERIA DEL ARTE O «LA NUBE DE MAIACOVSKI»
LA MATERIA DEL ARTE
Tanto se ha hablado del hombre y su obra, de la vida y el poeta que aparece un deseo de condensación quizás de síntesis, una puesta en acción, pensar en los poetas que nos acompañan en nuestra vida de poetas, sea en la posición del escritor o en la del lector.
Un fin de siglo quizás requiera un resumen, me soplan al oído mis recuerdos académicos.
Y claro, elegir entre tantos a algunos para que me proporcionen la materia prima de mi trabajo es tarea ardua.
Y entonces, ¿por qué Maiacovski?
¿Por él ?
¿Por mí?
O es que ya en esta relación antigua con sus versos puedo poner un Nosotros, por qué no Rilke que acompañó a mi joven poeta y compareció tantas veces en los Seminarios de Sexualidad Femenina.
Y Pavese, dónde poner, dónde dejar a este hombre malogrado de versos insuperables. Ese poeta al que todos de alguna manera reprochamos sus desvíos que hicieron de él un suicida, un atentador contra sus propios versos.
¿Por qué los suicidios?
¿Por qué las vidas diferentes, solitarias?
¿Por qué Alejandra Pizarnik nos abandona en lo mejor de sus versos?
¿Por qué la muerte creciendo sobre la vida de poemas inmortales?
¿Acaso es la Poesía lo que mata?
¿O la vida del poeta estrangula la vida del hombre?
¿Hay hombre en el poeta?
¿Hay poeta en el hombre?
¿O deberíamos quizás asumir la disociación a que nos tiene acostumbrados la cultura vigente?
Tenemos las biografías, un material interesante donde resaltan los datos llamados biográficos que quiere decir que la vida de un ser humano se puede encerrar entre datos de su repetición animal (especie).
Ni la linealidad, ni la lateralidad convencen. Pertenezco a un grupo en la cultura desde hace muchos años y es desde el grupo donde se le lee a la creación y al creador su multipticidad, a la creación su estallido y al hombre como un sujeto de semejante espacio de humanidad. No es que se trate del viejo problema del continente y contenido, ni problema de figura y fondo, simplemente espacio ontológico de un quehacer.
La Poesía nos inundará con su movimiento de juego, con su violencia, su
audacia.
Ella se montará sobre nosotros para conseguir su destino a la pulsión
Ella es la Vida del Hombre,
cuando ya no haya datos, cuando los datos sobrevuelen como palabras
nuestro nido, Ella Poesía advendrá, jugará con nosotros,
el juego de la Creación
y el juego de la Muerte.
Ella.
Puesta en escena de lo innombrable, lanza su juego de dados, sabiendo del azar algunas combinaciones.
Puesta en escena, decir de lo que no sé y pronuncio.
Puesta en escena, juego de amor, cadena de innombrables que escribió el poeta, ciego y sordo. Sin saber.
Puesta en escena de lo que la vida escribió en el Poeta con el cincel de la
muerte.
Puesta en escena, resonancia, repercusión, quejido.
Ella habita en nosotros desde las primeras palabras, ella es esa letra indeleble grabada en una grieta.
La grieta soy yo y también el Hombre.
O mejor dicho, la grieta es el lugar donde nuestro hombre habla.
Un hombre que ya debió haber abandonado sus ideas de completud y totalidad propio de la conciencia razonante decimonónica, para advertir en él, algo que no es él, que además no controla ni entiende, pero produce sus efectos en él.
Al hombre del siglo xx le ha pasado el Psicoanálisis y desde allí toda escena es más de una. Todo anhelo discursivo deberá transcurrir al menos en dos escenas simultáneas y desconocidas entre sí. Dos sistemas que no se reconocen jamás.
Conciencia como lugar donde la palabra se realiza.
Inconsciente como lugar fundado por un hecho del lenguaje en su más alto nivel de precisión, como Poesía.
Y entre ambos, conciencia e inconsciente no hay intercambio. Hay interrupción, abertura, hiancia, grieta.
Hay invalidación de un discurso por el otro.
Y este fin de siglo no lo ganó la conciencia.
Este siglo fue un siglo de grietas, de revolución del sentido.
Grandes poetas nos hablan de esa grieta desquiciante de los sentidos de la razón y la conciencia.
Son los que nos hablan de Otro en el Poeta, como Arthur Rimbaud, o Holderlin apelando a la irrealidad de la locura para afincarse en la Realidad de la Poesía.
Son los poetas que iluminan el descubrimiento freudiano, una obra de más de tres mil páginas sin párrafos desechables en las que el médico ahogó a su poeta al decir de Freud en el final de su vida cuando se lamentaba en 1939 "¿Qué habrá sido de mi poeta?"
Su poeta había vivido con él, escribió sus tres mil páginas y ambos hombre y poeta recibieron el premio Goethe y tuvieron el goce supremo de la creación en un recorrido por espacios del pensamiento a los que nadie se había atrevido a llegar.
El hombre sostén corporal de un quehacer, instantáneo, relampagueante, el quehacer de la poesía, el oficio de escribirla.
Y aun sabiendo que sin escribirla, Ella, Poesía, actuará sobre nuestro discurso consciente; sobre nuestro ser de la palabra en la palabra desde esa abertura fugaz.
Y si no hay abertura ni grieta, se tratará de un discurso consolidado, paroxístico, algo oxidado en las ideas, en fin, un resto discursivo arqueológico, ni perenne ni fugaz, sin vida y sin muerte. Una retórica vacía buscando la plenitud de la instancia de la letra sin abordarla jamás.
No hablaré de estos excesos, de estos síntomas en el discurso del siglo XX. Me referiré al habla humana, y el habla necesita al hombre que la ejerza, sabiendo que la interrupción es muerte del goce inerte primordial y apertura del goce humano de la producción de sentidos.
El hombre transcurre al menos en dos tiempos, en el tiempo de su historia familiar, perversa y homeomórfica y éste a su vez es atravesado por su tiempo histórico.
En ese entrecruzamiento que determina su manera de vivir y su manera de morir se teje su vida en las arenas de su discurso.
Ya que son las palabras las que crean a los hombres y entretejen con su aliento su vida.
Y el hombre transcurre en ese entretejido en movimiento incesante donde está la cifra de su goce y la cifra de su muerte.